Hay un sitio que llevo intentando terminar desde 2015.

La versión de ese año ya no existe como idea vigente, pero el problema era el mismo: necesitaba explicar un cambio de carrera que no cabía bien en mi CV. En 2026 volví a ese pendiente con otra pregunta encima: ¿cómo cuento lo que hago sin reducirlo a un puesto?
De ahí salió este proyecto.
Quería un lugar que explicara por qué mi trabajo siempre ha vivido entre diseño e ingeniería, incluso durante los años en los que yo mismo intenté separar esas dos cosas.
El primer intento
En 2015 acababa de obtener mi título como ingeniero en software y quería cambiar de carrera. Ya tenía experiencia real, pero venía de otro mundo: diseño corporativo, publicidad, motion graphics, modelado 3D, sitios web y experiencias interactivas.
El problema era simple. Podía demostrar mi trabajo como creativo, pero no sabía si eso le importaría a una empresa de tecnología. En papel, mi historia seguía viéndose más creativa que técnica.
En ese momento trabajaba en Tradecorp, una empresa de productos y agroquímicos para el campo. Era manager de Diseño Corporativo y amaba trabajar ahí.
Me gustaba el trabajo, el ambiente, las personas, las amistades y la dinámica diaria. El cambio venía de un sueño que llevaba tiempo creciendo, no de frustración con Tradecorp.
Además de diseñar material impreso, hacer producción de video, crear sitios web y armar presentaciones interactivas, también diseñaba aplicaciones que después el área de IT desarrollaba. Era una mezcla natural de visual, producto y software, aunque en ese momento todavía no lo nombraba así.
Quería entrar a una empresa enfocada completamente en tecnología. Por mi experiencia y por lo que más me gustaba, Front End era el puente más lógico: una posición donde lo visual y lo lógico conviven de forma natural.
Me gustaba lo que hacía, pero quería estar más cerca de productos web, aplicaciones y equipos donde el software fuera el centro del trabajo.

Ahí apareció la necesidad de un sitio personal. Mi CV impreso se veía más creativo que ingeniero. De hecho, incluía un DVD con mi demo reel. Necesitaba un lugar que explicara la historia completa.
Tenía un plan grande para ese sitio, pero no podía esperar a terminarlo. Mi CV ya apuntaba a esa URL y el proceso de búsqueda ya estaba en marcha, así que publiqué algo que funcionara como placeholder mientras construía la versión ambiciosa.

La versión ambiciosa nunca llegó porque el objetivo llegó primero.
El sitio alcanzó para llamar la atención de las personas correctas. Conseguí entrevistas, las pasé y entré a Luxoft como Mid Front End Developer. Ese momento me cambió la vida. Pasé unos meses trabajando en San Francisco, en las oficinas de Hotwire, cumpliendo un sueño que creía imposible.
El reto era grande. La nueva prioridad era estar a la altura de esa etapa.
Después el pendiente se perdió entre retos, cambios y tiempo.
2026 y la misma pregunta
El último día de mayo de 2026 desperté con la noticia de que era parte de las estadísticas de layoffs de la industria.
Tardé varios días en asimilarlo. Cuando por fin pude verlo con más calma, me di cuenta de que estaba cansado y bastante decepcionado y necesitaba tomarme un tiempo para desintoxicarme antes de correr al siguiente proceso.
Cuando volví a buscar trabajo, el mercado ya no se sentía igual. Envié aplicaciones, recibí pocas respuestas y vi procesos con poco seguimiento. También vi que los roles estaban cambiando y era algo que veía venir.
Las posiciones centradas en una sola especialidad siguen existiendo, pero cada vez aparecen más roles que mezclan cosas que antes se separaban: Front End, Back End, UI, UX, datos, automatización, producto e IA.
Eso no me sorprendió tanto. Como dije, ya lo veía venir y en mis proyectos personales ya tenía tiempo trabajando así, incluso antes de la IA. Tenía una idea, escribía un PRD, usaba IA en el proceso creativo y después desarrollaba orquestando agentes bajo mis propios lineamientos.
Así construí una app de finanzas personales para mí, mi familia y amigos, una línea de tiempo de vida integrada con Immich, presentaciones para cursos y otros experimentos que antes me habrían tomado meses.
La ventaja estaba ahí, pero seguía faltando el artefacto.
¿Cómo demuestro que puedo cruzar diseño, ingeniería e IA sin que parezca una lista inflada de habilidades? ¿Por qué dejé de empujar mi marca personal justo cuando más la necesitaba?
Era momento de retomar The Jaycorp Studios.
La idea que originó todo
Al inicio pensé en reconstruir mi marca, exponer mis habilidades y crear una base para proyectos futuros. Sonaba bien, pero todavía era demasiado general.
La idea apareció cuando recordé ese primer intento fallido del sitio. En 2015 quería demostrar que también era ingeniero. Con el tiempo, al moverme hacia roles full stack y trabajar cada vez más con temas de backend, empecé a esconder parte de mi lado creativo.
Creo que fue una defensa más que una decisión consciente. No quería que otros ingenieros me leyeran como “el diseñador que ahora programa”. Quería demostrar que podía competir desde la ingeniería, que estaba a la altura.
Entonces empujé más fuerte hacia ese lado y dejé que lo creativo quedara poco a poco en segundo plano.
Ahora lo veo distinto. Esa dualidad siempre estuvo ahí y es parte de lo que me define como profesional. También vuelve raro el perfil. Después recordé cuando a este tipo de personas les llamaban “unicornios”.
De ahí salió el primer concepto: dos fuerzas que siempre han estado en la misma persona. El Ingeniero y El Creativo.
Comencé a escribir una historia donde esos dos personajes salían de mí, recorrían mi trayectoria y al final volvían a unirse. El sitio iba a empezar con la presentación típica, una foto real mía y después el salto a personajes ilustrados.
Esa idea duró poco.
La fricción de mezclar mundos
Empecé a bocetar personajes. No soy tan bueno dibujando, pero puedo explorar imágenes generadas con IA a partir de bocetos básicos.

También revisé el historial de logos que habían acompañado a mi marca desde la adolescencia.

Quería empezar de cero sin borrar la historia. The Jaycorp Studios siempre había sido ese lugar mental donde cabían demasiados intereses: diseño, animación, 3D, música, software, tecnología y videojuegos.
El concepto del Studio venía de ahí. Era esa agencia imaginaria que me acompañó muchos años, el nombre de un lugar donde podía trabajar desde distintas disciplinas sin escoger una sola para siempre.
Después entendí que ese lugar ya existía de forma literal.
Mi estudio físico tiene dos escritorios y dos tipos de trabajo ocurriendo todo el tiempo. En uno puede haber animación, edición o exploración visual. En el otro, desarrollo, agentes, PRDs y arquitectura.
Ahí apareció el escenario del sitio: un estudio partido en dos zonas, cada una para el personaje especialista de esa disciplina.
El bloqueo creativo
Con el concepto definido pasé a Figma y cometí un error clásico: me enfoqué demasiado pronto en el acabado gráfico.
Me fui a paleta, textura, personajes y composición antes de resolver bien la estructura. Durante un par de días nada me convencía. Tenía picos creativos, pegaba con pared y me bloqueaba otra vez.
El principal problema era la mezcla de mi fotografía real con personajes ilustrados. Todo se sentía forzado.

Probé ideas que después descarté. Una versión realista del estudio que transitaba a una versión ilustrada (en ese momento pensaba en el video de Take on Me). Una escena donde yo derramaba tinta por accidente y de ahí salían los personajes. Variantes donde la historia dependía demasiado de explicar un truco visual.
Esa transición era mi fricción más grande y no me dejaba avanzar.

La salida fue dar un paso atrás y volver al wireframe.
Al armar la estructura sin enamorarme del acabado entendí algo simple: mi foto no aportaba nada. Además, era lo más común del mundo en un sitio personal.
Si el sitio hablaba de dos formas de trabajar, los personajes podían presentarse desde el primer cuadro. No necesitaba aparecer yo como foto para validar nada.

Ese descarte me desbloqueó y resolvió varias cosas:
- El sitio podía mantenerse en un solo estilo visual.
- Los personajes dejaban de competir con una foto.
- El Studio podía convertirse en un lugar explorable.
Luego apareció la decisión del 3D. Una ilustración plana del estudio se quedaba corta para el tipo de recorrido que estaba imaginando. Si la cámara podía moverse dentro del lugar, cada sección podía sentirse como una posición distinta dentro del mismo espacio.
Por eso el estudio terminó siendo 3D, intentando emular un estilo de ilustración plana.
El primer prototipo
Cuando el estilo general ya estaba encaminado, entraron los agentes.
Pulí el PRD, preparé los materiales visuales y le di a Claudio (mi agente favorito) una instrucción muy concreta: construir un primer borrador de la experiencia sin casarse todavía con un framework ni con una arquitectura definitiva.
El objetivo era experimentar la historia, validar el scroll, la navegación entre escenas y, sobre todo, el cruce entre los dos lados del estudio.
Ese cruce era el argumento central: para pasar del Ingeniero al Creativo, la cámara debía cruzar el escritorio.
Para pulir el estudio necesitaba otro artefacto: un lab de desarrollo donde pudiera mover objetos, prender y apagar elementos, ajustar luces, capturar tomas y guardar configuraciones. Claudio construyó ese sandbox y se volvió una herramienta clave del proyecto.
El prototipo aclaró que el cuarto necesitaba herramientas propias de producción, además de los archivos finales que terminarían visibles en el sitio.
Las decisiones técnicas
Con un resultado que ya me convencía, llegó el momento de pensar en producción. Para la versión real elegí Astro.
Lo había usado en un proyecto grande en Rappi, del cual me siento muy orgulloso y ya escribiré en el futuro. Me gustó por una razón muy concreta: te obliga a decidir qué JavaScript llega al navegador. El modelo de islands encaja bien con un sitio donde casi todo debe estar prerenderizado, pero algunas partes necesitan interacción medida.
Este proyecto tiene una página principal muy visual además del blog. No necesita un servidor para existir. Puede pregenerarse como HTML estático, vivir en un bucket de S3, servirse detrás de un CDN (CloudFront) y cargar solo el JavaScript necesario para la experiencia.
Para mí el performance en este proyecto es esperado y comunica habilidad técnica y atención al detalle.
Si afirmo que puedo construir experiencias visuales ambiciosas con criterio técnico, la página no puede sentirse pesada. El motion tiene que apoyar la historia, no estorbar, generar ruido o existir por capricho mío. El 3D tiene que entrar cuando aporta y desaparecer cuando el dispositivo, el ahorro de datos o prefers-reduced-motion lo piden.
Por eso la arquitectura quedó con varias reglas:
- El contenido no depende de JavaScript.
- WebGL es algo esperado, pero opcional.
- No hay frame loop corriendo en reposo.
- El studio 3D tiene una sola fuente compartida entre el sitio y el lab.
- El blog debe ser un lugar para expandir lo que el sitio no puede contar con tanto detalle.
Lo que aprendí
El aprendizaje más grande fue entender qué partes del proyecto tenían que pasar por mis manos y ser más “artesanales”, porque bien pude haber escrito un PRD, pasárselo a los agentes y esperar una primera versión completa. Ya lo he hecho varias veces, y los resultados pueden ser buenos.
Sin embargo este proyecto tenía una carga personal ya que estaba pendiente desde 2015, de una idea que dejé guardada demasiado tiempo.
Necesitaba tener mucho más control del proceso creativo, la IA me ayudó a explorar, ordenar y acelerar partes del proceso, pero yo necesitaba sentir dónde se atoraba la idea. Necesitaba experimentar esos bloqueos y encontrar la forma de superarlos. Y cuando eso sucedía y venían más ideas volví a experimentar esa sensación de satisfacción por mis creaciones, eso es algo que siento que la IA nos ha quitado, si bien logramos crear más y más rápido esa sensación no es tan recurrente ahora.
Quería que este sitio tuviera mi esencia. Quería probarme que todavía puedo ejecutar este tipo de retos, con IA o sin IA. Y quería dejar de tratar mi lado creativo como algo que tenía que dejar de lado para que mi lado técnico pareciera más serio.
Esto era importante para mí y lo disfruté mucho.